Benedicto XVI: segundo día en Camerún

 

 


Siguiendo el programa previsto, en su segundo día en Yaundé, en la fiesta de San José, Patrón de la Iglesia universal, el Santo Padre ha tenido un encuentro con los representantes de la Comunidad musulmana de Camerún en la Nunciatura Apostólica de Yaundé.

Se encontraban allí una veintena de líderes religiosos musulmanes, encabezados por Bello Amadou, presidente de la Asociación Cultural Islámica de Camerún. El Papa ha señalado que las religiones contribuyen de manera esencial a la comprensión de la cultura y del mundo "y a la coexistencia pacífica" de todos los humanos.

Ha resaltado que el cristianismo y el islam, dos religiones monoteístas, coinciden en la defensa de los valores fundamentales de la familia, de la responsabilidad social, de la obediencia a la ley de Dios y al amor hacia los enfermos y los que sufren, todo en aras de favorecer el desarrollo del ser humano.

"Esa visión - ha dicho- nos induce a buscar todo lo que es recto y justo, a salir de ámbito restringido de nuestro interés egoísta y actuar por el bien de los demás. La religión rechaza todas las formas de violencia y de totalitarismo, no sólo por principio de fe, sino también en base a la recta razón".

Refiriendose al cristianismo y a la religión musulmana, el Papa ha dicho que están llamadas a ayudar a los demás a buscar la "presencia misteriosa de Dios en el mundo; y abogó para que católicos y musulmanes trabajen juntos por una "civilización del amor", por la paz, la justicia y el bien común.


 

Santa Misa

A continuación el Papa se dirigió al Estadio Amadou Ahidjo de Yaundé para celebrar la Santa Misa y dar el "Instrumentum Laboris· de la II Asamblea especial para África del Sínodo de los Obispos.

 

 

Al igual que en otros continentes, la familia --en vuestro país y en África-- atraviesa un período difícil, pero la fidelidad a Dios será de ayuda para superarlo. Algunos valores de la vida tradicional se han trastocado.

Las relaciones entre las generaciones se han modificado de una forma que no favorece como en el pasado la transmisión de los conocimientos antiguos y de la sabiduría heredada de los antepasados.

Somos testigos con demasiada frecuenciade un éxodo rural de rasgos diferentes al de otros muchos períodos de la historia, porque la calidad de los lazos familiares ha queddo profundamente afectada.

Desarraigados y frágiles, los miembros de las generaciones jóvenes, a menudo sin trabajo --por desgracia--, buscan remedios para el mal de vivir refugiándose en paraísos importados, efímeros y artificiales, que --como sabemos-- nunca garantizarán al ser humano una felicidad profunda y duradera.

A veces los africanos se ven obligados a huir de sí mismos y a abandonar todo lo que constituía su riqueza interior. Frente al fenómeno de una urbanización creciente, abandonan su tierra, física y moralmente, no como Abraham para responder a la llamada del Señor, sino a causa de una especie de exilio interior que les aleja de su identidad , de sus hermanos y hermanas de sangre, y del mismo Dios.

¿Esto es fruto de una fatalidad, de una evolución inevitable? Ciertamente no. Ahora más que nunca tenemos que "esperar contra toda esperanza" (Romanos 4,18). Quiero reconocer aquí con aprecio y gratitud el extraordinario trabajo realizado por las innumerables asociaciones que promueven la vida de fe y la práctica de la caridad. ¡Debe expresárseles agradecimiento calurosamente! ¡Que encuentren en la Palabra de Dios una nueva fuerza para continuar con sus proyectos a favor de un desarrollo integral de la persona humana en África, especialmente en Camerún!

La primera prioridad consiste en volver a dar sentido a la acogida de la vida como don de Dios. Para la Sagrada Escritura, como para la sabiduría de vuestro continente, la llegada de un niño es una gracia, una bendición de Dios.

Resulta urgente dar más importancia a esto en nuestros días: cada ser humano, incluso el más pobre y pequeño, está creado "a imagen y semejanza de Dios" (Génesis 1, 27). ¡Toda persona debe vivir! ¡La muerte no debe prevalecer sobre la vida! ¡La muerte nunca tendrá la última palabra!

Hijos e hijas de África: ¡no tengáis miedo de creer, de esperar, de amar! ¡No tengáis miedo de decir que Jesús es el Camino, la Verdad y la Vida, que solamente Él nos puede salvar! San Pablo es, de hecho, un autor inspirado dado a la Iglesia por el Espíritu Santo como "maestro de las naciones" (1 Timoteo 2, 7), cuando nos dice que Abraham, "esperando contra toda esperanza, creyó y fue hecho padre de muchas naciones, según le había sido dicho: 'Así será tu posteridad'" (Romanos 4, 18).

Leer en Zenit el texto completo de la homilia


Encuentro con los enfermos

 

 

A continuación el Papa visitó a los enfermos del Centro Card. Paul Emile Léger - CNRH de Yaundé.

"Ante el sufrimiento, la enfermedad y la muerte-les dijo el Santo Padre- el hombre sufre la tentación de gritarm bajo el zarpazo del dolor, del mismo modo que hizo Job, cuyo nombre significs: "el que sufre, el sufriente".

El mismo Jesús gritó poco antes de expirar. Cuando nuestra condición se debilita nuestra angustia aumenta: y a algunos ese dolor les lleva a cuestionarse la misma presencia de Dios en su vida.

Job, por el comprario, era consciente de esa presencia de Dios: su grito no era una expresión de rebeldía; al contrario, desde lo más hondo de su sufrimiento, se mostraba llebo de confianza.


Posteriormente se reunió con los miembros del Consejo especial para África del Sínodo de los Obispos en la Nunciatura Apostólica de Yaundé (19 de marzo de 2009),antes de partir para Angola.

 

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