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Algunos datos de la historia de la Iglesia en Brasil, desde la Evangelización al Vaticano II


Primera evangelización (s. XVI).

La dirección política, social, administrativa y económica de Brasil.fue canalizada por y desde Portugal, así como la vida eclesiástica, organizada a través del régimen de Patronato.

El origen del Patronato Portugués está unido a la Orden militar de los Templarios, suprimida en 1310 por el papa Cléinente, V, pasando sus bienes a la Orden de Cristo, instituida por el rey D. Dionís y aprobada por Juan XXII en 1319.

Posteriormente, se fundaron otras dos órdenes militares en Portugal: la de Santiago de la Espada y la de S. Benito de Aviz. En 1522 el papa Adriano VI confería a Juan III la dignidad de gran maestre de la Orden de Cristo, y en 1551 Julio III anexionaba a la Corona portuguesa el gran maestrazgo de las tres órdenes militares.

También por concesión pontificia, el título de gran maestre confería a los monarcas portugueses el régimen espiritual de todas las islas y tierras desde el cabo Bojador y Nam hasta la India, pudiendo disfrutar del privilegio de presentación al Papa de los titulares de iglesias y beneficios eclesiásticos, para posterior confirmación por éste; así como la posibilidad de cobrar y administrar los diezmos eclesiásticos.

Por su parte, el monarca atendería a toda la financiación del culto, expansión evangelizadora y promoción del cristianismo entre la población indígena.

Antes y después de la llegada de los misioneros

La evangelización de Brasil conoce, en este siglo, dos etapas perfectamente diferenciadas: antes y después de la llegada de los misioneros, en 1549.

 

Una serie de causas politicoeconómicas habían descentrado el interés de Portugal por Brasi: máxima atención por la explotación de la ruta de África y la India, nomadismo y peligrosidad de la población indígena, pobres recursos económicos, reducidos al corte del palobrasil y otras plantas tintóreas; ello ocasiona un periodo de escasa población europea, hasta que a partir de 1530, con la llegada de la expedición de Martim Afonso de Souza y la promoción de las plantaciones de caña de azúcar, comienza a estructurarse la colonia.

El clero secular pasó a Brasil para atender las necesidades espirituales de los europeos, e hizo poco por la evangelización de los indios, contemporizando incluso con los plantadores de caña (capitanías de Pernambuco y Sáo Vicente) en la esclavización del indio, como mano de obra necesaria para la puesta en marcha de los ingenios.


 

Los jesuitas en Brasil

Esta postura fue denunciada activamente por los primeros misioneros, los jesuitas, que llegaron a Brasil en 1549, procedentes de Portugal y de Paraguay. Su actitud se enfrentaría con la de los colonos, ya que sin mano de obra indígena no podía crecer y sostenerse la colonia.

Como solución intermedia se comenzó la importación de esclavos negros, aunque continuó la caza y explotación del indio para venderlo como esclavo en expediciones llamadas bandearas.

Los jesuitas realizaron una meritísima labor evangelizadora, adoctrinando a la población indígena, reunida en misiones a semejanza de las reduccionesrealizadas en la América española. El clero secular dependía del obispado de Funchal, en la isla de Madera, de donde llegaban las provisiones para los primeros vicarios.

Construcción de los jesuitas en América Latina

Toda la actividad pastoral durante los s. xvi y xv11 se reguló por las Constituciones de Lisboa, promulgadas en 1536 y aceptadas por todos los obispos. En 1550 Juan III pidió al papa Julio III la creación de la primera diócesis en B., que por bula de 25 en. 1551 se erigía en Bahía, sufragánea del arzobispado de Lisboa. La bula declaraba que el obispo y otras dignidades debían ser presentados por el rey «que es el perpetuo administrador en lo espiritual y lo temporal de la Milicia de Jesucristo de la Orden del Císter, delegado de la Santa Sede y Gran Maestre y administrador de la misma Milicia».

En 1563 la regente de Portugal Da Catalina (hermana de Carlos V) solicitaba la creación de otro obispado en Río de Janeiro, aunque sólo se consiguió que el papa Gregorio XIII crease el 19 julio de 1576 la prelatura de Río de Janeiro. La bula autorizaba a los reyes de Portugal a nombrar administradores apostólicos para la referida prelatura, sin necesidad de otra licencia o confirmación. Durante el primitivo periodo colonial, los franciscanos habían realizado un trabajo de catequesis, pero sin continuidad e intensidad.

Solamente a partir de 1549, coincidiendo con el mandato del primer gobernador general Tomé de Souza, se inicia el verdadero trabajo de evangelización con la llegada de varios grupos de jesuitas, que fundan misiones y escuelas en el Nordeste y en la capitanía de Sáo Vicente, sobresaliendo Manuel Nóbrega, Anchieta y Leonardo Nunes.

De 1550 a 1580 los jesuitas son los únicos religiosos que evangelizan de un modo sistemático. En 1581 llegan los benedictinos a Bahía, y a fines del xvz ya habían fundado conventos en los principales centros del litoral: Paraiba, Bahía, Olinda, Río de Janeiro y Sáo Paulo. Los carmelitas fundan su primer convento en Olinda en 1583 y, después, en Río de Janeiro y Sáo Paulo. En 1589 los carmelitas observantes fundaban en Santos una provincia separada.

En 1584 los franciscanos creaban la provincia de San Antonio, erigiendo los conventos de Olinda (1585), Bahía, Paraiba, Igaragú y Vitória, en la capitanía del Espírito Santo. Mientras, los capuchinos se establecieron en Recife en 1581. B. tenía en 1600 unos 200 sacerdotes, de los cuales 50 eran del clero diocesano, 60 franciscanos, 40 jesuitas y los 50 restantes entre benedictinos, carmelitas y capuchinos.


La Iglesia en el Brasil colonial (1600.1759).

Durante el tiempo de la reunión de España y Portugal no se alteró el estatuto de B., que siguió dependiendo exclusivamente de su metrópoli. En 1614 se creó la prelacía de Pernambuco, suprimida 10 años después. El único obispado, el de Bahía, estuvo en sede vacante durante casi 30 años. Esta Situación contrasta con el interés, preocupación y eficacia de la labor eclesiástica de España reflejada en casi 50 obispados. repartidos por todo el área de las Indias españolas.

En 1676 Inocencio XI suprimía la dependencia de Bahía con respecto al arzobispado de Lisboa elevándola a archidiócesis y creando dos diócesis dependientes de ella: Río de Janeiro y Pernambuco (Olinda). En 1677 instituyó la diócesis de Sáo Luis de Maranhao. La primera mitad del s. XVIII es importante para el desarrollo de la vida religiosa brasileña.

Todas las anteriores diócesis se encontraban en el litoral, como también la que en 1719 se crea en Pará. Las expediciones bandeirantes fueron poco a poco penetrando en el interior, ocupando la zona del ,Guairá y los territorios al este del río Paraguay. Benedicto XIV, en 1745, creó para estos territorios Sáo Paulo y Mariana (Minas Gerais) y las prelaturas de Goiás y Cuyabá (Mato Grosso).

Hasta principios del s. XVIII el desarrollo de la civilización termina prácticamente en Sáo Paulo. En esta época se elabora la primera legislación eclesiástica para B. «las constituciones primeras del arzobispado de Bahía», promulgadas por Sebastiáo Monteiro da Vide en 1707. La Iglesia de Brasil, que continuaba viviendo bajo régimen de Patronato, conoce problemas relativos a la subsistencia, nombramiento y formación del clero.

Problemas

A principios del XVIII se produce el descubrimiento y explotación de oro en Minas Gerais, y consecuentemente la colonización más efectiva del centrooeste brasileño. Desde muy temprano comienzan a surgir quejas contra la actitud de clérigos y religiosos en dicho territorio.

El gobernador de Río de Janeiro, Alvaro da Silveira y Alburquerque, junto al cabildo de la ciudad escribían al rey «sobre las violencias que obran los frailes de diversas religiones que andan por las minas de oro de esta capitanía, dando ocasión para que se quejen los pueblos por sus procedimientos, empleándose solamente en sus conveniencias, gastando los quintos del oro, siendo muy pocos los religiosos a quien se puede encomendar el ejercicio del bien espiritual de las almas».

Este clero indisciplinado y superficial dejará marcas sensibles en la formación religiosa del pueblo, a lo que se unirá la irreligiosidad de tiempos posteriores. Los jesuitas continúan con su eficaz labor evangelizadora y educativa.

Los hijos de los indios, después de aprender en los colegios los rudimentos de la fe, volvían a sus aldeas y enseñaban a sus padres, en su propia lengua, lo que habían aprendido. También los mismos colonos y dueños de plantaciones eran, a veces, adoctrinados por sus propios hijos. Con este sistema, la catequesis se divulgó rápidamente en extensión pero poco en profundidad. Se creó en el pueblo un sentimiento religioso hecho a base de prácticas externas, devociones, fiestas religiosas, pero la vivencia cristiana permaneció, en general, muy superficial. Muchos capellanes de haciendas se transformaron en meros funcionarios eclesiásticos, administradores de sacramentos y de bendiciones.


La crisis de la Iglesia en Brasil (17591889).

A partir de mediados del s. xvui la Iglesia de Brasil entra en una prolongada crisis, de la que se recupera con la extinción del régimen de Patronato y la proclamación de la República. Este largo periodo se inicia en 1759 con la expulsión de los jesuitas, que tuvieron que abandonar 11 colegios, 8 seminarios, 53 residencias y 65 misiones.

La excelente acción pedagógica de estos religiosos, orientada por igual a la población blanca y aborigen, quedó sin continuación. La mayoría de los hombres formados en Brasil para las carreras civiles, militares y eclesiásticas procedían de los colegios que la Compañía regentaba en Bahía, Pernambuco, Río de Janeiro y Sáo Paulo.

Una vez independiente de Portugal, bajo el Gobierno imperial (182589), la situación religiosa se agravó con una serie de leyes restrictivas. Por orden de 4 mayo 1824 el Gobierno mandó entregar el hospicio de N. S. da Palma, regentado por agustinos de la metrópoli, al arzobispado de Bahía. En 1830 (ley de 9 de diciembre) se extinguía la congregación de los Padres Oratorianos, establecidos en Pernambuco y Bahía. En 1840 (ley de 2 de enero), la Orden carmelitana descalza de la provincia de Bahía.

Y en 1855, la circular de 19 de mayo, prohibía la admisión de novicios en todas las órdenes y Congregaciones hasta que se resolviese el Concordato que el Gobierno esperaba firmar con la Santa Sede. Pero este Concordato no llegó a efecto, por lo que las órdenes religiosas del B., ya en crisis, entraron en un periodo de franca decadencia.


En el siglo XIX

El Gobierno imperial de los Braganza, en el s. XIX, de tradición liberal y regalista, paralizó casi por completo la organización eclesiástica de Brasil. Solamente se crearon las diócesis de Goiás y Cuyabá en 1826, prelaturas desde 1745, y las diócesis de Rio Grande do Sul (1848), Diamantina y Ceará (1854).

Algunos obispos brasileños, como Vigoso, de Mariana; Joaquim de Melo, de Sáo Paulo; Macedo Costa, de Pará, con la colaboración de los Padres de la Misión, iniciaron un movimiento de renovación espiritual que dio origen a la llamada cuestión religiosa, conflicto entre la Iglesia y el Estado, unido al crecimiento y desarrollo de la masonería en el país.

El movimiento independentista está muy unido a la ideología de la masonería, desde 1813., fecha en que fue creado el Primer Gran Oriente brasileño. Lo que explica que varios eclesiásticos, partidarios del movimiento emancipador, se afiliasen a las logias. Paulatinamente, la masonería fue adquiriendo un carácter anticlerical hasta llegar a un clima de decidida oposición religiosa, cuyo conflicto más representativo es el originado por algunos obispos.

La masonería había penetrado en las propias hermandades religiosas; realidad que denunciaron los obispos de Olinda y de Pará como defensores de los derechos eclesiásticos contra las ingerencias del gobierno, la propaganda y los ataques masónicos en la prensa diaria, exhortando a los sacerdotes y miembros de las cofradías a abjurar de la masonería.

Los sacerdotes obedecieron en gran número, pero algunas hermandades se mostraron recalcitrantes y en abierta oposición a los obispos, que acabaron lanzando suspensión y excomunión a los contumaces. Las hermandades apelaron al Gobierno imperial, que en 20 dic. 1873 y por el Tribunal Supremo de Justicia condenó a D. Vital, obispo de Olinda, y el 1 julio 1874 a Macedo Costa, obispo de Pará, a ser encarcelados. Sentencia que en 1875 fue condonada por una amnistía, bajo presión del duque de Caxias, encargado de formar nuevo Gobierno.

La renovación católica durante la República.

La República fue proclamada el 15 nov. 1889. El 7 en. 1890 el Gobierno provisional declaraba extinto el «Patronato y todas sus instituciones, recursos y prerrogativas», preparándose la separación de la Iglesia del Estado, proclamada por la Constitución de 1891.

En esa República recién nacida existía una intensa atmósfera anticlerical. El episcopado brasileño reunido en Sáo Paulo bajo la dirección de Macedo Costa daba una célebre pastoral colectiva (19 mar. 1890), en la que, sin hostilidades hacia la República, solicitaban del Gobierno que volviese a estudiar sus decretos.

Separación de la Iglesia y del Estado. Siglo XX

Esos esfuerzos surtieron efecto, ya que el Gobierno procuró buscar una línea de buen entendimiento con la Iglesia. Esta separación entre Iglesia y Estado fue y ha sido muy benéfica para Brasil, y el episcopado brasileño tenía razón en oponerse al régimen de Patronato, que coartaba su crecimiento: a finales del periodo anterior Brasil. contaba con un arzobispado y 11 obispados. Casi 50 años después, en 1939 tenía un cardenal, 17 arzobispos y 56 obispos.

En 1965 eran más de 220 entre obispos y prelados y en 1969 había cinco cardenales. Todo ese tiempo está marcado por la reunión periódica de obispos en sínodos y concilios. Macedo Costa, en 1890, había planeado un concilio a escala nacional, pero no fue posible su realización. León XIII reunió en 1899 el Conc. Plenario Americano. En 1939 se celebró el 1 Concilio Plenario Brasileño, tomando parte en 61 104 prelados. A partir de 1952 se ha organizado la Conferencia Nac. de los Obispos del Brasil (CNBB).

Organización eclesiástica

Como política de organización eclesiástica, en la primera mitad del s. xx la mayor preocupación episcopal con relación al clero fue el proselitismo. Desde 1950, aquella preocupación se encauza y acentúa en el factor calidad y la propia misión sacerdotal. Los profundos cambios de estructura que Brasil viene experimentando: crecimiento demográfico activo y de las ciudades, industrialización y sus problemas, etc., han creado una situación en gran parte nueva y con dimensiones diversas a las anteriores.

Además de las órdenes tradicionales, desde la proclamación de la República se distinguen los Padres de la Misión y diversas congregaciones, como los redentoristas, dominicos y salesianos. A principios del s. XX las principales congregaciones se encontraban representadas en Brasil.

En 1954 se organizó la Conferencia de los religiosos, y paulatinamente van surgiendo en la vida del pueblo cristiano diversos síntomas de renovación: se divulga el culto eucarística y mariano. Hasta la década de los a. 50, la renovación cristiana fue menor, como se manifiesta en que no encontró eco el movimiento litúrgico y la Acción Católica, que tuvieron su primer despertar en 1930.

Pero las sucesivas reformas y orientaciones dictadas por Pío XII, sobre todo a partir de la Mediator Dei de 1947, así como los cursillos y semanas litúrgicas, fueron difundidas bien. A ello contribuyó el «Plan de urgencia» del episcopado, que intensificó la enseñanza y activó la necesidad de transformar las parroquias en comunidades de fe, culto y amor.

Junto al movimiento litúrgico, la catequesis y el movimiento bíblico evidenciaron la necesidad de una revisión de los métodos de enseñanza religiosa, métodos de pastoral y, en muchos casos, la necesidad de una mayor formación de la fe en el pueblo, que vive más de las tradiciones sociales y devociones sentimentales que del contenido de la revelación divina.

Los Institutos superiores de Liturgia y de Pastoral catequística, creados en los centros más importantes del país, han constituido una gran ayuda en la revitalización de esos sectores fundamentales para la vida de la Iglesia. La organización de los Secretariados de Liturgia, de catequesis y de Teología de la CNBB fueron valiosos elementos en la promoción de la renovación religiosa sobre bases sólidas y dogmáticas. Diversos movimientos laicales tienen amplitud y difusión.

Las conversiones al catolicismo de inmigrantes, en especial japoneses, son muy frecuentes. A raíz del Conc. Vaticano II la CNBB lanzó un plan pastoral, para la puesta en práctica de las directrices dadas por el Concilio.

RIOLANDD AZZI.

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