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Viaje apostólico del Papa a Baviera, su tierra natal

9-14 de septiembre de 2006


 






Este es el segundo viaje apostólico del Papa Benedicto XVI Alemania -el primero fue a Colonia en agosto de 2005 con motivo de la Jornada Mundial de la Juventud-, con tres etapas: Munich, Altötting y Ratisbona.

Fuente VIS


El 9 de septiembre por la mañana Benedicto XVI comenzó su viaje apostólico a Munich, Altötting y Regensburg (Alemania). Salió a las 13,45 del aeropuerto romano de Ciampino y llegó al aeropuerto Franz Joseph Strauss de Munich, capital de Baviera, a las 15.30, donde fue recibido, entre otras autoridades, por el presidente de la República Federal de Alemana, Horst Köhler, y la canciller de Alemania, Angela Merkel, hija de un pastor alemán.

"Vuelvo a mi patria -dijo el Papa- entre mi gente, con el programa de visitar algunos lugares que han tenido una importancia fundamental en mi vida, (...) pero también como sucesor del apóstol Pedro para reafirmar y confirmar los lazos profundos entre la Sede de Roma y la Iglesia en nuestra Patria".

 



A media tarde, el Papa se trasladó en automóvil a la "Marienplatz" (Plaza de María), en cuyo centro se halla la "Mariensäule" (Columna de la Virgen). En lo alto de la columna de mármol, hay una estatua de bronce dorado de la Virgen María, patrona de Baviera.

Benedicto XVI recordó que hace casi 30 años, en 1977, comenzó su servicio como arzobispo de München con una oración a la Virgen en este lugar, y cinco años después, en 1982, se despidió de su diócesis tras recibir la llamada del Papa para ir a Roma, "dirigiendo una vez más una oración a la Patrona de Baviera, para confiar a su protección "mi" ciudad y mi patria. Hoy -dijo- me encuentro de nuevo aquí; esta vez como Sucesor de San Pedro".

Tras recordar que al ser nombrado arzobispo de München und Freising, se convirtió en sucesor de San Corbiniano, fundador de la diócesis de Freising, el Papa recordó la leyenda según la cual un oso había despedazado el caballo del santo, que se dirigía a Roma. Corbiniano le reprochó por aquella fechoría y, en castigo, le cargó en sus lomos la carga que hasta ese momento había llevado el caballo.

"San Corbiniano -dijo el Santo Padre- dejó libre al oso al llegar a Roma. En mi caso, el "Amo" ha decidido otra cosa. Me encuentro, por tanto, de nuevo a los pies de la "Mariensäule" para implorar la intercesión y la bendición de la Madre de Dios, este vez no sólo para la ciudad de Munich y para Baviera, sino para la Iglesia universal y para todos los seres humanos de buena voluntad".


El 10 de septiembre celebró misa en la explanada de la "Neue Messe" de Munich, la Feria Nueva, a la que asistieron 250.000 personas.

 
Benedicto XVI elogió a la Iglesia en Alemania "por sus actividades sociales, por su disponibilidad en ayudar donde sea necesario". Sin embargo, continuó, "si sólo se transmiten conocimientos, habilidades, capacidad técnica e instrumentos, se transmite poco. Entonces entran en seguida en juego los mecanismos de la violencia, y la capacidad de destruir y de matar se convierte en la capacidad predominante para alcanzar el poder. (...) De esta forma, se aleja cada vez más de la reconciliación, del compromiso común por la justicia y el amor".

El Papa señaló que "las poblaciones de Africa y de Asia admiran nuestras capacidades técnicas y nuestra ciencia, pero al mismo tiempo, se asustan frente a un tipo de razón que excluye totalmente a Dios de la visión del hombre, considerando ésta la forma más sublime de la razón, que hay que imponer también a sus culturas. La verdadera amenaza para su identidad no la ven en la fe cristiana, sino en el desprecio de Dios y en el cinismo que considera la falta de respeto por lo sagrado un derecho de la libertad y convierte la utilidad en criterio moral supremo para los futuros éxitos de la investigación".

"Este cinismo -exclamó- no es el tipo de tolerancia y de apertura cultural que esperan los pueblos y que deseamos todos! La tolerancia de la que tenemos necesidad urgente comprende el temor de Dios, el respeto de lo que para otros es sagrado. (...)


Este sentido de respeto sólo puede ser regenerado en el mundo occidental si crece de nuevo la fe en Dios, si Dios está presente de nuevo en nosotros. Esta fe no la imponemos a nadie. (...) La fe solo se puede desarrollar en la libertad. Sin embargo, pedimos a los seres humanos que, en el ejercicio de su libertad, se abran a Dios, que lo busquen y lo escuchen".

Benedicto XVI subrayó que "el mundo tiene necesidad e Dios. Nosotros tenemos necesidad de Dios. De qué Dios?". Del Dios, dijo, cuya "venganza" es la Cruz: el "No" a la violencia, "el amor hasta el final". No somos irrespetuosos con las otras religiones y culturas, con la profunda veneración por su fe, si confesamos con voz alta y sin medios términos a aquel Dios que opone su sufrimiento a la violencia; que frente al mal y a su poder eleva, como límite y superación, su misericordia. Dirigimos a El nuestra súplica -concluyó-, para que esté con nosotros y nos ayude a ser sus testigos creíbles".

Por la tarde se desplazó en un coche descubierto del palacio arzobispal a la catedral de Nuestra Señora de Munich, que custodia las reliquias del obispo Benno, patrón de Baviera. En su homilia se dirigió a los padres, a los profesores de religión y maestros y a los responsables de las parroquias. "Acompañad a vuestros hijos en el camino hacia la Comunión -dijo a los primeros-. Id con ellos a la iglesia para participar en la celebración eucarística de los domingos. No es tiempo perdido, (...) toda la semana es más hermosa si participáis juntos en la liturgia dominical. (...) Rezad juntos en casa. (...) La oración nos lleva no solamente hacia Dios sino también unos hacia otros".

"Os pido que tengáis presente en la escuela la búsqueda de Dios -pidió el Papa a los maestros-. Sé que en nuestro mundo pluralista es difícil poner en marcha en la escuela el tema de la fe. (...) Estimulad a los alumnos (...) a preguntarse dónde venimos y a dónde vamos en nuestra vida".


El 11 de septiembre se dirigió al santuario mariano de Altötting, el corazón religioso de Baviera, al que acuden más de un millón de peregrinos al año.

 

Según la leyenda, el obispo Rupertus von Salzburg bautizó en este lugar en el siglo VIII al primer duque bávaro de fe católica.

En 1330 se colocó en el primitivo templo una imagen de la Virgen María con el Niño Jesús y en 1489 la iglesia fue escenario de dos apariciones de Nuestra Señora que le dieron la fama de la que todavía disfruta. El templo custodia además, en urnas de argento, los corazones de todos los reyes de Baviera.

En su homilía evocó la figura de la Virgen en las bodas de Caná:"pide a su Hijo que ayude a los amigos que se encuentran en dificultad" pero se dirige a Ël, "no solamente como a un hombre, sobre cuya fantasía y disponibilidad a ayudar cuenta", sino que "confía una necesidad humana a su poder (...) que va más allá de la acción y la capacidad humanas".


Sin embargo, "no dice a Jesús qué es lo que tiene que hacer; (...) no le pide en absoluto un milagro, (...) sencillamente le confía la situación y deja la decisión en sus manos".


Por la tarde se trasladó en papamóvil desde el Convento de Santa Magdalena a la basílica de Santa Ana de Altötting, construida entre 1910 y 1912, donde presidió la celebración de las vísperas con religiosos, sacerdotes y seminaristas. Antes, entró en la Iglesia de San Konrad Birndorfer (1818-1894), fraile capuchino, canonizado por  Pío XI en 1934.

En la homilía, invitó a los presentes a interrogarse sobre "nuestra vocación al servicio de Dios" y tratar de "comprenderla bajo la mirada de Santa Ana, en cuya casa maduró la vocación más grande de la historia de la salvación", la de la Virgen María. Puso de relieve que "la mies de Dios es mucha y necesita obreros: en el llamado Tercer Mundo -en América Latina, en Africa y en Asia- la gente espera heraldos que lleven el Evangelio de la paz, el mensaje de Dios hecho hombre. Pero también en el llamado Occidente, aquí en Alemania, así como en la inmensa Rusia, es verdad que la mies podría ser mucha. Sin embargo, faltan personas dispuestas a hacerse obreros en la mies de Dios".

 

  Dirigiéndose al Señor, el Santo Padre exclamó: "¡Mira el mundo y manda obreros! Con esta petición, llamamos a la puerta de Dios; pero el Señor llama a nuestro corazón y hace esta misma petición. Señor, ¿me quieres? ¿No es quizá demasiado grande para mí? ¿No soy quizá demasiado pequeño para esto? "No temas", dijo el ángel a María. "No temas, te he llamado por tu nombre", nos dice a cada uno mediante el profeta Isaías".

 

  "Sólo quien está "con El" -continuó- aprende a conocerlo y puede anunciarlo realmente. Quien está con El, no se reserva lo que ha encontrado, sino que debe comunicarlo".

Tras la ceremonia se trasladó en automóvil a Marktl am Inn, su ciudad natal, donde visitó la Iglesia parroquial de San Oswald. En ella se encuentra la pila bautismal en la que fue bautizado el mismo día de su nacimiento, el 16 de abril de 1927. A continuación, desde el helipuerto de Marktl am Inn se dirigió a Ratisbona y en el seminario mayor de San Wolfgang cenó y pasó la noche.


 

El 12 de septiembre se trasladó desde el seminario mayor de San Wolfgang a la explanada de Islinger Feld en Ratisbona, donde presidió la Santa Misa y pronunció la homilía. El Papa agradeció todos los esfuerzos para que su visita saliera bien y afirmó que se sentía "algo confuso ante tanta bondad" y conmovido al saber que diversas personas y asociaciones habían trabajado para embellecer la casa y el jardín que compartía con sus hermanos antes de su ordenación episcopal.

 

  "Nos hemos reunido para una fiesta de la fe -dijo el Santo Padre-. (...) Pero ¿en qué creemos y qué significa creer? La visión de la fe abarca cielo y tierra, el pasado, el presente, el futuro y la eternidad y por eso es inagotable. Y sin embargo, su núcleo es muy sencillo. El Señor habla con el Padre diciendo: "Has ocultado estas cosas a los sabios y prudentes y las has revelado a los pequeños".

 

  "Por su parte, la Iglesia -prosiguió el Papa-, nos ofrece una pequeña "Summa" donde está expresado todo lo esencial: es el llamado "Credo de los apóstoles" (...) y habla de Dios, creador y principio de todas las cosas, de Cristo y la obra de salvación hasta la resurrección de los muertos y la vida eterna".

 

  "La fe es sencilla -subrayó Benedicto XVI-, creemos en Dios, (...) en ese Dios que entra en relación con los seres humanos y es para nosotros origen y futuro. Así la fe es también esperanza y certeza de que tenemos un futuro y no caeremos en el vacío. Y la fe es amor, porque el amor de Dios quiere contagiarnos. (...) El Credo no es un conjunto de sentencias, no es una teoría. Está anclado en el evento del Bautismo, (...) del encuentro entre Dios y el ser humano. (...) Sí, quien cree no está nunca solo. Dios nos sale al encuentro".

 

  "Creemos en Dios. Esta es nuestra decisión de fondo", dijo el  Santo Padre, recordando que desde el Iluminismo, parte de la ciencia quiere explicar un mundo "donde Dios sea superfluo (...) e inútil para nuestra vida. Pero cada vez que parece lograrlo, las cuentas no salen".

 

  "¿Qué hay en el origen? -se preguntó Benedicto XVI-. ¿La razón creadora, el Espíritu que actúa y suscita el desarrollo o la Irracionalidad que, privada de cualquier razón, produce extrañamente un cosmos ordenado matemáticamente? (...) Los cristianos (...) creemos que en el origen está el Verbo eterno, la Razón, no la Irracionalidad. Con esta fe no tenemos necesidad de escondernos, ni temor de encontrarnos en un callejón sin salida".

 

  "Nosotros creemos en (...) ese Dios que es (...) razón creadora. La segunda parte del Credo nos dice aún más: Esa razón creadora es Bondad. Y Amor. Tiene un rostro. (...) Se nos ha mostrado como ser humano. (...) Hoy cuando conocemos las patologías y las enfermedades mortales de la religión y de la razón, la destrucción de la imagen de Dios a causa del odio y el fanatismo, es importante afirmar con claridad cual es el Dios en que creemos y profesar convencidos este rostro humano de Dios. Solo así nos libramos del miedo de Dios, un sentimiento del que, en definitiva nació el ateísmo moderno. (...) Sólo este Dios nos salva (...) del ansia frente al vacío de la existencia".




El miércoles 13,
Benedicto XVI celebró misa en privado en el Seminario Mayor. Luego
se trasladó a la basílica de la Alte Kapelle (Vieja Capilla), a tres kilómetros del seminario, donde bendijo un órgano. "La música y el canto -dijo- son más que un embellecimiento del culto; forman parte de la acción litúrgica".



Subrayó que
el órgano, "trascendiendo como toda música de calidad la esfera meramente humana, evoca el divino" y "es capaz de exaltar y expresar todos los ámbitos de la vida humana. Las múltiples posibilidades del órgano nos recuerdan en cierto modo la inmensidad y la magnificencia de Dios".

 
"Al igual que una mano experta debe afinar constantemente el órgano, también en la Iglesia, teniendo en cuenta la variedad de dones y carismas, necesitamos encontrar siempre de nuevo, mediante la comunión en la fe, la armonía en la alabanza a Dios y en el amor fraterno.

Cuanto más nos dejemos transformar por Cristo en la liturgia, tanto más seremos capaces de transformar el mundo, irradiando la bondad, la misericordia y el amor de Cristo por los demás".

Finalizada la ceremonia, Benedicto XVI se dirigió a pie a la casa de su hermano, monseñor Georg Ratzinger, donde almorzó. A continuación visitó la casa de su hermano y  almorzó con él. Más tarde, se dirigieron al cementerio de Ziegetzdorf, donde están enterrados su hermana y sus padres.

Por la tarde se trasladó a la Universidad de Ratisbona, para participar en un encuentro con representantes de la Ciencias. El Papa fue titular de la cátedra de dogmática e historia del dogma en esa Universidad (años 1969-1971), de la que fue vicerrector.

En su discurso, se preguntó si "la convicción de que no actuar según la razón es contrario a la naturaleza de Dios" es "sólo un pensamiento griego -de la filosofía griega- o es siempre válido". En este contexto recordó el caso de los que amenazan o usan la violencia para obligar a alguien a convertirse.

Tras poner de relieve que "hay que reconocer sin reservas lo que es válido en el desarrollo moderno del espíritu", el Papa dijo que también era necesario dominar las "amenazas que se derivan de las posibilidades del ser humano. Esto sólo es posible si razón y fe están unidas de un modo nuevo; si superamos la limitación de la razón a lo que es verificable en la experimentación, y abrimos a ella nuevamente toda su amplitud".

"Sólo de esta manera -añadió-, seremos capaces de un verdadero diálogo de las culturas y de las religiones -un diálogo del que tenemos una necesidad tan urgente-. En el mundo occidental domina la opinión de que sólo la razón positivista y las formas de filosofía que emergen de ella son universales. Pero las culturas profundamente religiosas del mundo ven precisamente en esta exclusión de lo divino de la universalidad de la razón un ataque a sus convicciones más íntimas".

Terminó subrayando que "el occidente está amenazado desde hace mucho tiempo por esta aversión contra los interrogantes fundamentales de su razón, y de este modo solamente puede sufrir un gran daño. La valentía de abrirse a la amplitud de la razón, y no el rechazo de su grandeza, es el programa con el que una teología comprometida en la reflexión sobre la fe bíblica, entra en el debate del tiempo presente".

Terminado el encuentro, se dirigió a la Catedral de Ratisbona, famosa por el coro de voces blancas. El hermano del Papa, monseñor Georg Ratzinger, ha dirigido el coro durante veinte años y actualmente es director emérito.



El jueves 14 de septiembre se trasladó desde Ratisbona a Freising, donde celebró un encuentro con los sacerdotes y diáconos permanentes en la catedral de Santa María, en la que fue ordenado sacerdote el 29 de junio de 1951. Años después, enseñó teología en el seminario diocesano de esa ciudad. Entre otras cuestiones habló de pastoral vocacional.

"Hay que tener siempre presente -comentó- lo que afirma el texto bíblico: es "el Dueño de la mies" el que manda "los obreros" a su siembra. Jesús no dio a sus discípulos la tarea de ir a llamar a otros voluntarios o de organizar campañas de promoción para recoger nuevas adhesiones, sino la de "rezar" a Dios".

 

Este hecho no significa, puntualizó, que la pastoral vocacional "tenga que limitarse a la oración. Rezar al dueño de la mies quiere decir que (...) solo permaneciendo en íntima comunión con el Dueño, (...) que está lleno de amor y compasión por la humanidad, se puede involucrar a otros obreros en el trabajo por el reino de Dios". "No hay que moverse dentro de una lógica de números y de eficiencia, sino de gratuidad y entrega. (...) Los obreros de la mies de Dios son los que siguen las huellas de Cristo y esto presupone el desprendimiento de sí mismo y la plena "sintonía" con su voluntad".



Despedida

Tras el encuentro, el Papa se dirigió al aeropuerto internacional Franz Joseph Strauss de Munich para tomar el avión de regreso a Roma. En el discurso de despedida, dijo que durante aquellos días se había dado cuenta de "cuántas personas en Baviera se esfuerzan también hoy por caminar por los sendas de Dios en comunión con sus pastores, comprometiéndose en dar testimonio de su fe en el actual mundo secularizado".

 

"He venido a Alemania -afirmó- para volver a proponer a mis conciudadanos las verdades eternas del Evangelio y confirmar a los creyentes en la adhesión a Cristo, Hijo de Dios hecho hombre para la salvación del mundo. Tengo la certeza de que en El, en su palabra, se halla no sólo el camino para alcanzar la felicidad eterna, sino también para construir un futuro digno del ser humano ya en esta tierra".

 

Señalo que ese día se cumplía el XXV aniversario de la publicación de la encíclica "Laborem exercens", con la que el gran Papa Juan Pablo II indicó en el trabajo "una dimensión fundamental de la existencia del hombre en la tierra" y recordó a todos que "el primer fundamento del valor del trabajo es el hombre mismo". El trabajo, por tanto, escribía, "es un bien del hombre", porque con él "no sólo transforma la naturaleza adaptándola a las propias necesidades, sino que se realiza a sí mismo como hombre, es más, en un cierto sentido "se hace más hombre".

 

"Sobre la base de esta intuición de fondo -continuó-, el Papa indicaba en la encíclica algunas orientaciones que hoy siguen siendo actuales. Quisiera recomendar también a los ciudadanos de mi patria que leyeran este texto, no exento de valor profético, con la certeza de que su aplicación concreta aportará grandes beneficios en la situación social actual en Alemania".

 

 El avión papal despegó a las 13,00 y aterrizó en el aeropuerto de Roma-Ciampino a las 14,30. Desde allí se dirigió en automóvil al palacio apostólico de Castelgandolfo.

Fuente: VIS



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