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Carta de unos abuelos:
el decálogo de la felicidad

Publicada en Alfa y Omega
























 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Queridos nietos:


Hace años que os escribimos una carta en la que os deseábamos a todos una vida feliz, aquí en este mundo, y para siempre en el Cielo. Os proponíamos, como ayuda, diez puntos para que intentarais vivirlos, el Decálogo de la felicidad.


Han pasado los años, y algunos de vosotros empezáis una nueva etapa en vuestra vida, por caminos diversos, pero con una misma realidad, «que Dios nos ama, hasta dar la vida por cada uno de nosotros». Hemos pensado ampliar el Decálogo de la felicidad con otro: el Decálogo del amor, que os ayude a vivir el amor divino y humano en toda su plenitud. Recibidlo como nuestre herencia.


- Puede haber diversos caminos de entrega y fidelidad, que a cada uno le tocará descubrir. Si eliges el matrimonio cristiano como vocación, no olvides que es un compromiso entre tres, Dios y vosotros dos.


- Formarás una familia; comunión de personas, donde reina el amor gratuito, desinteresado y generoso; el lugar donde se aprende a amar; el amor recíproco de los esposos se prolonga en el amor a los hijos; éste es el ámbito en el cual el hombre es amado por sí mismo; es comunidad estable de amor entre un hombre y una mujer, basada en el matrimonio y abierta a la vida.


- Tienes el derecho y el deber de transmitir todos los dones y valores recibidos de Dios, la fe de tus padres, el cariño y el desvelo para darte la mejor educación; y de la sociedad, la oportunidad favorable que has tenido para poder formarte profesionalmente. Da gracias a Dios, todo lo has recibido de Él.


- Vive, en toda su grandeza, el don de la sexualidad; ésta tiene necesidad de disciplina, de purificación y de madurez, para no perder su dignidad original y no degradarse en puro sexo, convirtiéndose en mercancía. La regla del vivir no puede ser la búsqueda egoísta del placer, porque sólo la renuncia y el sacrificio llevan al verdadero amor.


- La felicidad del otro es más importante que la tuya; piensa más en dar que en recibir, cambia el yo por el nosotros, estate siempre dispuesto a perdonar, y te sentirás colmado de alegría.


- La fidelidad, imprescindible, es un continuo sí amoroso y libre a tus compromisos adquiridos.


- El dolor y el sufrimiento son compañeros de viaje en esta vida. Cuando Dios lo permite, es siempre para nuestro bien; pide la gracia para llevarlos con alegría, y abrázate a la cruz.


- En la oración y en los sacramentos encontrarás la fuerza para los momentos difíciles, y el vigor necesario para ejercer la misión, excelsa y ardua, de la paternidad y la maternidad.


- Busca a los mayores, ponte a su lado. Gracias a su madura experiencia, están en condiciones de ofrecerte consejos y enseñanzas preciosas.


- No tengas miedo a la vida, la ayuda de la fuerza divina es mucho más potente que las dificultades que en ella te encuentres.


Te pedimos dos cosas: lee estos consejos de vez en cuando; algunos son de Juan Pablo II y Benedicto XVI. Y ponte bajo la protección de la Virgen, Madre de las Familias y Esperanza nuestra.

Los abuelos.

Rafael Díaz y Dolores Izquierdo

Julio 2006, Encuentro Mundial de las Familias

 

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