Tercer día del Viaje Ecuménico de Benedicto XVI a Turquía
Benedicto XVI asistió a la Divina Liturgia celebrada en la iglesia patriarcal de San Jorge del Patriarcado Ecuménico de Constantinopla, en la celebración sde su patrono, San Andrés. A su llegada el Papa fue acogido por el patriarca ecuménico Bartolomé I, que tras las lecturas pronunció un discurso al que siguió la intervención del Santo Padre.
Hoy en esta iglesia patriarcal de San Jorge experimentamos de nuevo la comunión y la llamada de los dos hermanos Simón Pedro y Andrés, en el encuentro entre el sucesor de Pedro y su hermano en el ministerio episcopal, el jefe de esta Iglesia fundada según la tradición del apóstol Andrés.
Nuestro encuentro fraternal subraya la relación especial que une a las Iglesia de Roma y de Constantinopla como iglesias hermanas".
El Santo Padre dio gracias a Dios por "la nueva vitalidad de las relaciones a partir del memorable encuentro en Jerusalén, en diciembre de 1964, entre nuestros predecesores el Papa Pablo VI y el Patriarca Atenágoras", que "la víspera de la sesión final del Concilio Vaticano II (...) dieron un paso único e inolvidable: borraron de la memoria de la Iglesia las mutuas excomuniones de 1054" y de esa forma "confirmaron un cambio decisivo en nuestras relaciones".
La Iglesia Católica, dispuesta a hacer todo lo posible en el camino de la unión
"Hoy, con ese mismo espíritu, mi presencia aquí está destinada a renovar el compromiso común para proseguir el camino del restablecimiento (...) de la plena comunión entre la Iglesia de Roma y la Iglesia de Constantinopla -exclamó Benedicto XVI-. Os aseguro que la Iglesia Católica está dispuesta a hacer todo lo posible para superar los obstáculos y buscar, junto con nuestros hermanos y hermanas ortodoxos, medios de colaboración pastoral cada vez más eficaces para llegar a ese fin".
Jesús confió a los apóstoles Pedro y Andrés "la misión de hacer discípulos entre todas las naciones, bautizando y proclamando sus enseñanzas", explicó el Papa, y recordó que esa tarea hoy es "todavía urgente y necesaria", ya que atañe "no solo a las culturas tocadas marginalmente por el mensaje del Evangelio, sino a las culturas europeas enraizadas desde hace mucho tiempo en la tradición cristiana".
"El proceso de secularización ha debilitado la consistencia de esa tradición, que incluso se cuestiona y rechaza. Frente a esta realidad estamos llamados, junto con todas las otras comunidades cristianas, a renovar la conciencia de Europa acerca de sus raíces, valores y tradiciones cristianas, dándoles nueva vitalidad. Nuestros esfuerzos para construir lazos más estrechos entre la Iglesia Católica y las Iglesias Ortodoxas forman parte de esta tarea misionera. Las divisiones existentes entre los cristianos son un escándalo para el mundo y un obstáculo para la proclamación del Evangelio".
San Pedro y san Andrés, pescadores de hombres
Benedicto XVI reiteró que Simón Pedro y Andrés fueron llamados a ser pescadores de hombres, pero que esa misión "asumió formas diferentes para cada uno de los dos hermanos. Simón (...) fue llamado Pedro, la "roca", sobre la que se edificaría la Iglesia: a El (..) fueron entregadas las llaves del Reino de los Cielos. Su itinerario desde Jerusalén (...) lo llevó a Roma, para que en esa ciudad ejerciera una responsabilidad universal".
"El tema del servicio universal de Pedro y sus sucesores -explicó el Papa-, dio desgraciadamente, origen a nuestras diferencias de opinión, que esperamos superar, gracias también al diálogo teológico reanudado hace poco". Benedicto XVI recordó a este propósito las palabras de Juan Pablo II acerca de "la misericordia que caracteriza el servicio a la unidad de Pedro, (..) invitando sobre esta base a entrar en diálogo fraterno para individuar las formas en que el ministerio petrino podría ejercerse hoy, respetando su naturaleza y esencia, para "realizar un servicio de amor reconocido por unos y otros".
San Andrés
Por cuanto respecta a Andrés, que hablaba griego, su misión fue ser "apóstol del encuentro con los griegos". Andrés representa así "el encuentro entre el cristianismo primitivo y la cultura griega. Este encuentro, particularmente en Asia Menor, fue posible gracias a los grandes padres de la Capadocia que enriquecieron la liturgia, la teología y la espiritualidad de las iglesias orientales y occidentales".
"El mensaje cristiano, como el grano de tierra, cayó sobre esta tierra y dio mucho fruto", observó Benedicto XVI, recalcando que debemos estar "profundamente agradecidos a la herencia derivada del fructífero encuentro entre el mensaje cristiano y la cultura helénica que ha tenido un impacto duradero" en ambas iglesias.
"En el curso de la historia, tanto la Iglesia de Roma como la de Constantinopla han experimentado la lección del grano de trigo. Juntos veneramos a muchos de los mismos mártires, (...) compartimos la misma esperanza que obliga a la Iglesia a proseguir "su peregrinación entre las persecuciones del mundo y el consuelo de Dios" y "el siglo apenas pasado ha sido escenario de valientes testimonios de fe, tanto en Oriente como en Occidente, (...) al igual que hoy. Los recordamos en nuestras oraciones y (...) les ofrecemos nuestro apoyo, mientras pedimos con insistencia a todos los líderes mundiales que respeten la libertad religiosa como un derecho humano fundamental".
"La Divina Liturgia en que hemos participado se ha celebrado según el rito de San Juan Crisóstomo. La cruz y la resurrección de Jesucristo han estado presentes místicamente. (...) Esta fe en la muerte redentora de Jesús en la Cruz y esta esperanza que Cristo resucitado ofrece a la familia humana la compartimos todos, ortodoxos y católicos. ¡Qué nuestra oración y nuestra actividad diarias -concluyó- se inspiren en el deseo ferviente de celebrar juntos la Divina Liturgia, para tomar parte en la única mesa del Señor, compartiendo el mismo pan y el mismo cáliz".
Finalizada la Liturgia, el Papa y el Patriarca Ecuménico impartieron juntos la bendición final.
DECLARACION CONJUNTA DEL PAPA Y EL PATRIARCA BARTOLOME I
Al terminar la Divina Liturgia en la iglesia patriarcal de San Jorge, Benedicto XVI y Su Santidad Bartolomé I firmaron una declaración conjunta en el Patriarcado Ecuménico, en Estambul.
En la declaración, el Papa y el patriarca ecuménico de Constantinopla recordaron los encuentros de sus predecesores, que "mostraron al mundo la urgencia de la unidad y trazaron senderos seguros para alcanzarla, mediante el diálogo, la oración y la vida eclesial cotidiana".
"Como pastores hemos reflexionado sobre todo acerca de la misión de anunciar el Evangelio en el mundo de hoy. (...)
Además, no podemos ignorar el crecimiento de la secularización, del relativismo e incluso del nihilismo, sobre todo en el mundo occidental. Todo esto exige un anuncio del Evangelio renovado y decidido, que se adapte a las culturas de nuestro tiempo.
Nuestras tradiciones representan un patrimonio que debe ser compartido, propuesto y actualizado continuamente. Por este motivo, debemos reforzar las colaboraciones y nuestro testimonio común ante todas las naciones".
Tras poner de relieve que han "valorado positivamente el camino hacia la formación de la Unión Europea", señalan que "los actores de esta gran iniciativa no dejarán de tener en cuenta todos los aspectos que conciernen a la persona humana y sus derechos inalienables, sobre todo la libertad religiosa, testigo y garante del respeto de todas las demás libertades.
En toda iniciativa de unificación, las minorías deben ser protegidas, con sus tradiciones culturales y las características propias de cada religión".
El Papa y el patriarca recuerdan también las dificultades que deben afrontar los cristianos en algunos lugares del mundo,
"en particular la pobreza, las guerras y el terrorismo, así como las diversas formas de explotación de los pobres, emigrantes, mujeres y niños.
Estamos llamados a emprender juntos acciones en favor del respeto de los derechos humanos, de cada ser humano, creado a imagen y semejanza de Dios, del desarrollo económico, social y cultural".
"Nuestras tradiciones teológicas y éticas pueden ofrecer una sólida base para la predicación y la acción comunes.
Por encima de todo queremos afirmar que la matanza de inocentes en el nombre Dios es una ofensa a El y a la dignidad humana. Todos debemos comprometernos en un servicio renovado al ser humano y en la defensa de la vida humana, de toda vida humana".
El Santo Padre y Bartolomé I aseguran seguir "con interés la paz en Oriente Medio, donde nuestro Señor vivió, sufrió, murió y resucitó, y donde vive, desde hace tantos siglos, una multitud de hermanos cristianos. Deseamos ardientemente que la paz se restablezca en aquella tierra, que se refuerce la coexistencia cordial entre sus diversas poblaciones, entre las Iglesias y las diferentes religiones. Para ello, exhortamos al establecimiento de relaciones más estrechas entre los cristianos y a un diálogo interreligioso auténtico y leal, para combatir toda forma de violencia y de discriminación".
"Frente a los grandes peligros para el ambiente natural en la época actual, queremos expresar nuestra preocupación por las consecuencias negativas que pueden derivar para la humanidad y para toda la creación de un progreso económico y tecnológico que no reconoce los propios límites.
Como jefes religiosos, consideramos uno de nuestros deberes alentar y sostener los esfuerzos realizados para proteger la creación de Dios y para dejar a las generaciones futuras una tierra en la que puedan vivir".
Terminado el acto, el Papa almorzó con Su Santidad Bartolomé I en el patriarcado ecuménico.
En Santa Sofía
Santa Sofía tiene una larga historia: fue una basílica bizantina hasta 1453, luego una mezquita y desde 1935 un Museo Nacional, aunque son numerosas las peticiones de los musulmanes para que se convierta de nuevo en Mezquita.
Fue visitada por Pablo VI y Juan Pablo II, y en el programa de Benedicto XVI la visita del Pontífice estaba prevista inicialmente para el viernes, día de oración entre los musulmanes.
Sin embargo, se prefirió adelantarlo un día y no hacer gestos de oración pública, para no herir sensibilidades en algunos miembros de la comunidad islámica. Al concluir la visita firmó en el Libro de Oro y hubo un intercambio de regalos.
En la mezquita azul
El Papa estuvo orando, siguiendo el programa previsto, en la Mezquita azul. A las puertas de la mezquita, sus acompañantes le descalzaron y paseó por su interior con unas babuchas.
Con el Patriarca Mesrob II
El patriarcado de Estambul está bajo la jurisdicción del Catholicos de Etchmiadzin, Karekin II.
Benedicto XVI fue recibido por Su Beatitud el patriarca Mesrob II, con el que entró en procesión en el templo. Después de la oración y del discurso del patriarca, el Santo Padre dirigió a los presentes unas breves palabras.
"Saludo con gran afecto a toda la comunidad armenia apostólica (...) a Su Santidad Karekin II y a la jerarquía de la Iglesia Armenia Apostólica. Doy gracias a Dios por la fe y el testimonio cristiano del pueblo armenio, transmitido de generación en generación, a menudo en circunstancias trágicas, como las del siglo pasado".
"Nuestro encuentro es más que un simple gesto de cortesía ecuménica y de amistad. Es un signo de nuestra esperanza compartida en la promesa de Dios y de nuestro deseo de ver cumplida la oración de Jesús (...)
"Que todos sean uno". (...) Las trágicas divisiones que han surgido a lo largo del tiempo entre los seguidores de Cristo contradicen abiertamente la voluntad del Señor, son un escándalo para el mundo y perjudican la causa santísima de la predicación del Evangelio a todas las criaturas, cuando, en cambio, mediante el testimonio de la fe y del amor, los cristianos están llamados a dar un signo resplandeciente de esperanza y consuelo en este mundo, marcado por conflictos y tensiones".
"Tenemos que seguir haciendo todo lo posible para sanar las heridas de la separación y acelerar la obra de reconstrucción de la unidad de los cristianos", afirmó Benedicto XVI, que a continuación dio gracias a Dios "por la relación fraterna cada vez más profunda entre la Iglesia Apostólica Armenia y la Iglesia Católica".
Al final de su discurso el Papa citó las palabras del doctor de la Iglesia Armenia del siglo XIII Nerses de Lambron: "Ya que todos necesitamos la paz con Dios, hagamos que su fundamento sea la armonía entre los hermanos". "Esas palabras no han perdido nada de su poder -concluyó el Santo Padre-. Sigamos rezando juntos por la unidad de todos los cristianos".
1 de diciembre
El Papa celebró misa a las 8,30 de la mañana en la Catedral latina del Espíritu Santo de Estambul, en la que participaron fieles de diferentes comunidades de la ciudad y de diversos ritos de la Iglesia católica. También estaban presentes el patriarca ecuménico de Constantinopla, Bartolomé I, el patriarca armenio apostólico, Su Beatitud Mesrob II, el metropolitano siro-ortodoxo, Filuksinos Yusuf Cetin y los representantes de las Iglesias protestantes.
En el patio de la catedral hay una estatua de Benedicto XV (1914-1922), erigida por los turcos en memoria del compromiso de este Papa en favor de las víctimas turcas de la guerra de 1915-1918, donde se lee: "Al gran pontífice de la tragedia mundial, Benedicto XV, benefactor de los pueblos, sin distinción de nacionalidad o religión, como muestra de agradecimiento".
Tanto Pablo VI, acompañado por el patriarca ecuménico Atenágoras, como Juan Pablo II con el patriarca ecuménico Dimitrios I, visitaron la catedral en 1967 y 1979.
Antes de la misa, el Papa bendijo en el patio de la Catedral una estatua del beato Juan XXIII, que se colocará en una iglesia local y liberó tres palomas blancas.
En la celebración eucarística votiva del Espíritu Santo, se usaron diferentes lenguas: latín, turco, francés, alemán, siríaco, árabe y español.
En la homilía, Benedicto XVI recordó con San Pablo que
"el Espíritu es la fuente permanente de nuestra fe y de nuestra unidad. Suscita en nosotros el verdadero conocimiento de Jesús y pone en nuestros labios las palabras de la fe para que podamos reconocer al Señor".
"Manifestar el Espíritu, vivir según el Espíritu no significa vivir solo para sí, sino aprender a conformarse constantemente con el mismo Jesucristo, llegando a ser, como El, servidores de los hermanos y hermanas. Se trata de una enseñanza muy concreta para cada uno de nosotros".
El Papa puso de relieve que la Iglesia "ha recibido la tarea de anunciar su Evangelio hasta los confines de la tierra, es decir, de transmitir a los hombres y mujeres de este tiempo una Buena Nueva que no solo ilumina sino que cambia su vida, hasta vencer la muerte. ¡Esta Buena Nueva no es solo una Palabra, sino una Persona, Cristo mismo, resucitado, vivo!".
"La misión de la Iglesia no consiste en defender unos poderes, ni en obtener riquezas; su misión es ofrecer a Cristo, hacer partícipes a las personas de la vida de Cristo, el bien más precioso del ser humano que Dios mismo nos da en su Hijo".
"la Iglesia no quiere imponer nada a nadie y pide simplemente poder vivir libremente para revelar a Aquel que no puede esconder, a Jesucristo. (...)
Acoged siempre al Espíritu de Cristo, y por tanto, estad atentos a los que tienen sed de justicia, de paz, de dignidad y de consideración para ellos mismos y para sus hermanos".
Terminada la celebración eucarística, el Papa se trasladó en automóvil al aeropuerto de Estambul, donde le despidieron el patriarca ecuménico de Constantinopla, el patriarca armenio apostólico y el metropolitano siro-ortodoxo, así como los miembros de la Conferencia Episcopal turca.
Antes de subir al avión que le condujo a Roma, le saludaron el gobernador de la región y el alcalde de la ciudad.
Fuente: VIS y Zenit
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